Mandariinid (2013)

Título en español: Mandarinas

Dentro del género del cine bélico, han habido diversos ejemplos: tenemos películas más efectistas e inclinadas por la figura de un noble y/o atormentado héroe, un claro ejemplo reciente la desagradable Francotirador de Clint Eastwood; tenemos otras más concentradas en mostrarnos las batallas y las desgarradoras escenas que viven los soldados en los momentos de plena acción de las guerras, como es el caso de Pelotón de Oliver Stone; otras optan por explorar las psicologías perturbadas de los veteranos de guerra como en El francotirador de Michael Cimino y otras en las dificultades que se presentan al volver a la normalidad, como en el excelentísimo clásico Los mejores años de nuestras vidas de William Wyler, y luego están películas como Mandarinas, que parecen más alejadas del lío de un campo de batalla, pero que presentan los efectos de la guerra desde otro punto de vista, desde una aproximación más distante, sí, pero también más humana. Una de mis favoritas de este estilo es la excelente gema de Ingmar Bergman: Vergüenza, pero esta muy buena película estonia es otro gran ejemplo.

Mandarinas se ambienta en el cargadísimo contexto de la guerra civil de Georgia de principios de los 90’s, ocasionada por conflictos devenidos de las diferencias étnicas entre la diversa población de la región de Abkhazia. Cuando estalló la guerra, los estonios de una pequeño pueblo rural de la región volvieron a su país, excepto Ivo, un abuelo que se dedica a la carpintería y que vive mayoritariamente de la construcción de cajas para la transportación de mandarinas; y Margus, que insiste con terminar la cosecha de esta fruta de la temporada, ayudado por Ivo. Parecen ser los únicos que permanecieron en el pueblo, hasta que el silencio del abandono es interrumpido de pronto por un encontronazo entre partidarios de ambos bandos (los separatistas Abkhazianos y los pro-gobierno de Georgia) que deja a todos los participantes muertos, exceptuando a uno de cada bando, que quedan gravemente heridos. Uno es Ahmed, un mercenario checheno luchando por los Abkhazianos y el otro es un soldado georgiano llamado Niko. La gran compasión de Ivo lo impulsa a llevarlos a su casa y cuidarlos hasta que vuelvan a la salud, pero convivir bajo el mismo techo no será una tarea fácil para estos encarnizados enemigos.

mandarinas estonia

Con una trama como esta, es fácil ver por qué esta película me conmovió tanto. Pero más allá del esqueleto de la historia, Mandarinas no sería nada sin la hermosa autenticidad de sus personajes y lo orgánico que siente el relacionamiento de uno con el otro: a pesar de que al principio está lleno de tensiones originadas por la promesa mutua de los enemigos de matarse una vez que se recuperaran, ambos aceptan respetar el hogar de Ivo y no ejercer ningún acto de violencia mientras estén en su casa. Como es de esperar, poco a poco empiezan a dejar de ser una figura anónima enemiga, y sus humanidades empiezan a hacerse cada vez más evidentes, poniendo de manifiesto de una forma extremadamente sencilla, lo absurdo de los conflictos bélicos. Para que un soldado pueda cumplir con su labor, es necesario deshumanizar al enemigo, y bajo la mirada atenta y compasiva de Ivo, Ahmed y Niko comienzan el proceso de re-humanización, y esto es algo verdaderamente hermoso de ver. Y sin embargo, la película nunca recae en el sentimentalismo barato al que nos expondría un director como Steven Spielberg (ningún extraño a las películas de guerra), gracias a la excelente pero discreta dirección de Zaza Urushadze, quien entiende que la historia habla por sí sola y no cede a las tentaciones de manipularnos emocionalmente.

Gran parte del éxito de la película recae en la maravillosa labor de nuestro protagonista Ivo, interpretado por Lembit Ulfsak. Ivo es un hombre de pocas palabras, fuerte pero sensible, sencillo y sabio, resuelto, valiente y noble, sin dejar de lado un sentido del humor seco pero agudo. Ulfsak parece entender completamente al personaje y lo habita con soltura y naturalidad. Y creo que es su calma empatía y humanismo lo que me enamoró de la película, es un hombre elevado por sobre el resto, pero sin ningún dejo de arrogancia, un hombre que vivió en carne propia las desgracias de la guerra, la pérdida y la distancia de sus seres queridos, y aunque el guión no explora con profundidad ninguna de estas cosas, es una dimensión palpable y definitoria del personaje. El resto del elenco también hace un excelente trabajo de balancear los distintos matices y rangos de emociones que afectan a sus personajes, y todos son vistos con la mirada llena de compasión del director.

mandarinas georgia

En definitiva, Mandarinas es una película de guerra: la trama y los personajes existen e interactúan dentro y gracias al contexto bélico que los rodea, pero también es mucho más que esto, Mandarinas es una película anti guerra. Con extremada sencillez y sin ningún asomo de artificio, el mensaje del filme queda más que claro: la guerra es un sin-sentido. Editada a la perfección para lograr una atmósfera tensa y claustrofóbica, pero también rica en emociones, la película trasciende cualquier artificialidad para llegar a lo más profundo del espíritu humano, a aquella parte de nosotros que reconoce en el otro a una persona con identidad propia, con su historia y aquí me gustaría decir con sus miedos y esperanzas pero tengo miedo a sonar muy cliché, y sería una injusticia describir a este excelente filme con términos tan trillados, pero creo que ustedes me entienden. Para todos aquellos que todavía se intimidan un poco con las películas extranjeras que suenan tan seria, quiero dejar bien en claro un par de cosas: Mandarinas es extremadamente entretenida, la historia es atrapante y conmovedora, y justamente trata de trascender nacionalidades y fidelidades geográficas, nos habla a nuestro lado más humano y la comunicación es fluida, porque además de tener momentos conmovedores, también hay mucho humor, bastante tensión, y por sobre todas las cosas, un montón de empatía. Con apenas una hora y media de duración, el tiempo vuela pero la historia permanece. A verla.

Veredicto: 8/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2991224/

American Sniper (2014)

Título en español: Francotirador

Cualquier película con “American” en el título me provoca muchísimo escepticismo, y si además está dirigida por un tipo que se ha inclinado más para la derecha, como lo hizo Clint Eastwood, aún más aprensión me provoca. Y aunque el prejuicio suele ser algo perjudicial para la apreciación de cualquier cosa, en este caso me preparó un poco para lo que se venía, una película cobarde, nacionalista, simplista y hasta ofensiva. Es debatible si el contenido político o el mensaje filosófico de una película debe influir en nuestra consideración de los méritos artísticos del filme, pero es una discusión para otro momento. En el caso de Francotirador, que gira en torno a la guerra en Iraq con todo lo que esto conlleva, creo que había una responsabilidad por mínimo aventurar una postura, pero en lugar de esto, la película se acerca más a un videojuego de tirador en primera persona, prescindiendo de desarrollar a sus enemigos, y hasta a su protagonista, y de esta forma trivializa y glorifica el acto guerrero del francotirador.

AMERICAN SNIPER

El guión de Jason Hall, basado en la autobiografía de Chris Kyle, gira en torno al soldado francotirador de los Navy SEALs del ejército de los Estados Unidos, desde su decisión de enlistarse hasta su retorno del cuarto y último servicio en Iraq, donde fue responsable por 160 muertes confirmadas, convirtiéndolo en el francotirador más letal en la historia entera de los Estados Unidos. El guión de Hall y la dirección de Eastwood están tan ceñidos al protagonista que la película pierde alance por todos lados, prescindiendo de oportunidades para hacer reflexiones morales sobre las acciones del soldado, o de balancear otras perspectivas que incluyan a un enemigo que no se reduzca a una sarta de villanos salvajes sin ningún asomo de humanidad, e incluso prescindiendo de explorar el núcleo familiar de Kyle, compuesto de su esposa Taya, de quien no sabemos absolutamente nada, y sus dos hijos quienes no cumplen ninguna función en la película. Y quizás todo esto no sería tan molesto si la película hiciera un buen trabajo de adentrarse en el psique de Kyle, si lo conociéramos tan a fondo que el filme pudiera satisfacernos desde el punto de vista de un estudio de personaje, pero ni eso. Kyle figura como un hombre en extremo simple, un cowboy que motivado por unos atentados en embajadas estadounidenses en medio oriente, cree que puede dar algo por su país, y así pone en riesgo su propia vida incontables veces a raíz de un sentimiento patriótico, y alguna otra motivación a la que se alude, pero nunca se manifiesta realmente.

Con un guión así, es difícil invertir emociones y entregarse a esta película. Los únicos momentos en que la película se eleva es en algunas escenas de acción, donde el suspenso que crea Eastwood funciona con eficiencia, pero no hay nada más que un interés superficial, y tratándose de una temática tan sensible, es doblemente ofensiva la ligereza con que se maneja. No es una película de superhéroes, donde pedirle profundidad a los guiones sería un despropósito (pero dicho esto, las películas de Batman y hasta las de Spiderman contienen mayores exploraciones psicológicas que esta producción), es una película de un reconocido y condecorado héroe americano, y rendirle homenaje habría sido un estudio inteligente de su persona y de sus circunstancias, y no una celebración de sus habilidades militares y su capacidad para matar, sin ningún tipo de implicancia moral. Porque mostrarlo mientras apunta a un niño sosteniendo una bomba y tomando la difícil decisión de si apretar el gatillo o no, no la hace profunda, no significa absolutamente nada, Clinty. Puede y debe mejorar.

La producción es de su protagonista, Bradley Cooper, quien entrenó tanto físico como voz para convertirse en el soldado tejano. Y la verdad es que es un gran trabajo. Su nominación a Mejor Actor fue un tanto inesperada, porque la película recién se había estrenado, y me había provocado un poco de indignación, porque asumí que era un claro caso de alcahueteo al favorito de la Academia Eastwood y a su nuevo chico dorado, Cooper mismo, pero la verdad es que Cooper desaparece en el personaje y en ningún momento lo vi a él en la pantalla, sino que era Chris Kyle de principio a fin. El resto de los actores apenas tiene sentido mencionarlos porque sus papeles tienen justamente el grosor de un papel, son meramente accesorios del protagonista, utilizados para aportarle más dimensión al personaje, pero que no son nadie en sí mismos. Entre ellos está Sienna Miller a la que parece que delegaron todos los papeles de esposa del año pasado, quien también hizo de mujer de Mark Ruffalo en Foxcatcher y a quien no le están brindando las oportunidades de brillar que se merece.

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En fin, cuando comenzaron los créditos finales de Francotirador y aparecieron imágenes colmadas de banderas estadounidenses celebrando a “la leyenda”, no pude evitar preguntarme si realmente todos los involucrados en la producción veían el mundo de manera tan sencilla. Incluso Eastwood, de quien soy la primera en admitir que no soy fan, se me hacía un realizador un poco más reflexivo de lo que demuestra en esta película. Pero por el contrario, lo que obtenemos es una película completamente ciega, y con esto no me refiero únicamente a lo político, sino a la moralidad del personaje en sí, que podría haber sido explorado desde un punto de vista más humano e individual, y a causa de esto no logra ninguna conexión con la audiencia que no sea, de vez en cuando, un pequeño golpe adrenalínico por ver cómo se desarrolla una escena en el campo de batalla, que sí, están decentemente filmadas, pero están tan desprovistas de humanidad que no impactan más que una película de Michael Bay. Y dada la temática, es una verdadera lástima.

Veredicto: 4/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt2179136/