Who’s Afraid of Virginia Woolf? (1966)

Título en español: ¿Quién le teme a Virginia Woolf?

Esta es una de mis películas favoritas. La primera vez que la vi fue hace aproximadamente 10 años, cuando todavía era una adolescente fascinada con los clásicos. El debut del director Mike Nichols (Closer, El graduado) me impactó tanto entonces como lo hace ahora, y siempre por los mismos motivos, aunque admito que ahora al verla percibo unas dimensiones que antes se me escapaban. Es una adaptación de la obra de teatro homónima de Edward Albee y a pesar de que mantiene un estilo extremadamente teatral, presenta además elementos cinematográficos muy interesantes y efectivos. Es más, creo que ese punto medio entre el teatro y el cine que se logra aquí, es de los mayores atractivos que posee el filme; un estilo que quizás no funcionaría con otro director u otros actores, pero que aquí es un triunfo.

El guión es absolutamente magistral, y Nichols entiende esto, así es que gran parte de su dirección consiste en filmar a los actores dándole vida a las palabras. Es una dirección puesta al servicio de los intérpretes, con tomas largas pero dinámicas, y planos cerrados hasta el punto de la claustrofobia, donde los rostros de Liz Taylor y Richard Burton llenan la pantalla de rabia, desprecio y una angustia llena de ira. Además está fotografiada en un hermoso blanco y negro, cuyas luces y sombras agregan matices de significado en cada toma. En el campus de una universidad sin nombre (fue filmada en Smith), una pareja de mediana edad recibe a otra pareja más joven para una noche de tragos y presentaciones. Pero lo que les espera es mucho más que una simple cordialidad. Martha (Elizabeth Taylor) es la hija del presidente de la universidad, donde trabaja su marido como profesor auxiliar de historia (Burton): estos le dan la bienvenida al nuevo profesor de biología (George Segal) y a su mujer (Sandy Dennis). Antes de que lleguen los invitados, tenemos la oportunidad de observar la dinámica de pareja de Martha y George y pronto podemos adivinar que no va a ser una noche demasiado pacífica.

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Es evidente que la pareja tiene muchísimos problemas y como dice Honey más adelante (Dennis), “yo pelo etiquetas”, de eso se trata la película; de pelar las etiquetas que cubren a estos cuatro personajes que se juntan para una noche de muchísima bebida y juegos psicológicos. Y es que cualquier otra pareja hubiera llegado al hogar de sus anfitriones para despedirse poco después (además ya estaba muy entrada la noche), especialmente luego de presenciar los agravios que disparan de uno a otro, y al ser tan obviamente manipulados y burlados, sus palabras tomadas, transformadas y usadas en su contra. Pero esta joven pareja se queda y no sin motivaciones. Hay que recordar quién es quién dentro del campus, y analizar las personalidades de los personajes, sus ambiciones y motivos. Y Nick (Segal) tiene suficiente motivación para querer engatusar a la hija de su jefe. Nick ha llegado para quedarse, para abrirse paso y hay que ver hasta dónde puede llegar para alcanzar sus objetivos, arrastrando a su esposa, que parece una simplona algo tarada, pero que arrastra un bagaje emocional propio. Ciertamente, Honey tiene un desarrollo muy interesante, y la valiente actuación de Dennis pone de manifiesto una profunda comprensión de un personaje que parece optar por parecer estúpida como mecanismo de defensa.

Pero los protagonistas son, por supuesto, George y Martha, interpretados por la explosiva pareja de la vida real, Elizabeth Taylor y Richard Burton, y los paralelismos de una y otra nutren sus actuaciones logrando una química feroz, un vaivén de intensidades increíbles; a veces, cuando el plano se cierne sobre ellos y los vemos repartirse esas líneas crueles y viciosas, casi parece que la pantalla no los puede contener, y es que ambos están tan desbordantes de George y Martha que son, sin lugar a dudas, uno de los mejores ejemplos de actuación clásica de todos los tiempos. Y no es todo gritos e ira; Martha, la monstruosa Martha de una Liz Taylor que engordó casi 15 kilos para el papel, tiene unos momentos de extrema vulnerabilidad, cuando su personaje se agota de los juegos y de las mentiras y solo quiere descansar en paz. Es sencillamente una actuación magnífica y una de mis favoritas de siempre. Además, es realmente un logro impresionante provocar la empatía de las audiencias por dos personajes tan detestables, pero Burton y Taylor poseen una humanidad desgarradora, y lo logran sin problema.

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Mucho podría decirse para deconstruir a los personajes, para analizar sus intenciones y frustraciones. No quiero adentrarme demasiado porque es mejor si uno lo ve desarrollándose en la pantalla, pero tengan a alguien para comentar luego, porque hay mucho que decir sobre ellos. Hay varias incógnitas que se resuelven en los últimos minutos más melodramáticos del filme, pero la película va más allá de esto. Es sobre las consecuencias de las frustraciones no resueltas, sobre los sueños y esperanzas chocándose contra una realidad dura y fea, y lo que hacemos para seguir adelante; es sobre las reglas que creamos en una relación para que pueda sobrevivir; es sobre ejercer el poco poder que tenemos; sobre elevarnos sobre los otros más débiles; sobre los límites que nos ponemos para protegernos; las mentiras que practicamos; las ficciones que inventamos. El título viene de la canción “who’s afraid of the big bad wolf?” (¿”quién le teme al lobo feroz”?) de Caperucita Roja, y se sustituye por el nombre de la famosa escritora porque esta era conocida por mostrar la verdad absoluta de sus personajes. Así que la omnipresente rima más bien parecería estar preguntando: ¿quién le teme a la verdad? Yo sí.

Veredicto: 9/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt0061184/

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