Loong Boonmee raleuk chat (2010)

Título en español: El hombre que podía recordar su vidas pasadas (Tío Boonme)

Esta es una de esas películas que la primera reacción que me inspiran es un sencillo “se les fue la moto”. Yo creo que cuanto más independiente, más extranjera, más larga, más lenta y más oscura es la película, más miedo tienen algunos de expresar sus opiniones sin quedar como, o al menos, sin ser acusado por otros como un filisteo o recibir la clásica “no la entendiste”. También existe el grupo contrario, aquellos que al no gustar de una obra de esta especie, acusan a los demás que sí gustaron de ella de ser pretenciosos, snobs o atinan a decir que no creen que les haya gustado realmente. Es gracioso ver cómo ambos bandos se pelean por algo que debería ser sencillamente un “o te gustó, o no te gustó” y decidir creer en que ambas partes están expresando ambas opiniones de forma sincera. Bien, tras este probablemente innecesario prólogo, voy a pasar a colocarme en el grupo de los que no nos gustó. Y a continuación el por qué.

La película del director tailandés Apichatpong Weerasethakul (quien está en carrera para convertirse en el señor con el mejor nombre de toda la historia) trata del tío Boonmee, aislado en su casa de campo y muriéndose de una enfermedad en los riñones, quien es acompañado por su cuñada y sobrino que vienen de visita de la ciudad, y su enfermero, un inmigrante de Laos. Pero como si la compañía de estos no fuese suficiente, el tío Boonmee es visitado por los espíritus de su fallecida esposa Huay y su hijo quien aparece en modalidad de un mono gigante (un disfraz al parecer deliberadamente espantoso). Juntos comparten una cena al principio de la película recordando algunos momentos de su pasado juntos: es una escena lenta, de tomas eternas, bellamente fotografiada en la semi-oscuridad, acompañada por los ruidos de grillos y la naturaleza que los rodea. La aparición de estos espíritus, aunque inesperada por los seres más terrenales de la película, es recibida con poca sorpresa y tomada con bastante naturalidad, fomentando la fuerte espiritualidad de la película, que se concierne con temáticas budistas y la reencarnación.

uncle boonmee español tío

Si bien disfruté este momento de algo que se parece mucho al “realismo mágico”, finalizada esta escena la película se me hizo muy difícil de terminar. Llevando una narrativa no linear, el filme nos muestra diversas escenas representando vidas pasadas del tío Boonmee, que si bien estéticamente son de una belleza incomparable, principalmente porque la selva del sudeste asiático tiene innumerables encantos y los realizadores la saben destacar muy bien, me resultaron muy poco efectivas a nivel dramático. A diferencia de su película anterior, la excelente Fiebre tropical (2004), esta no logró una conexión emocional conmigo, lo cual convirtió la mayoría de las decisiones estilísiticas del director en grandes fracasos. El ritmo comatoso de la película, que desde el comienzo nos deleita con lo que parece horas de un búfalo de agua deambulando por la selva, donde abundan escenas silenciosas de los cuidados médicos del tío Boonmee, o la peor ofensa: una eterna caminata hacia una cueva donde iría a convergir el misticismo de la historia, se me hizo insoportable. No todo lo que es lento y deliberado es bueno.

Como muchos otros han dicho sobre esta película: “no es realmente una película”. Ha sido descrita como una experiencia o como un viaje. Como tal, debe ser una de las películas más personales que han existido. Lo único que importa, entonces, es si arranca una reacción primitiva y visceral de uno, porque hay poco que disfrutar si esto no sucede. En mi caso, creo que quedó claro que no lo logró. Me pareció tediosa y poco interesante; innecesariamente oscura y aburrida, una película que trata de desafiar a las audiencias de la peor manera, porque es más bien un: “¿cuánto podés aguantar?” antes que un verdadero desafío intelectual. Me recordó un poco a una escena interminable de la Solaris de Tarkovsky, donde Berton vuelve a la ciudad en auto, y son 5 minutos del tipo manejando por la carretera sin más. Hay una teoría que sugiere que esta fue la manera del director de filtrar a las audiencias más comedoras de pop y menos intelectuales, y dejar que solo los “conocedores” la siguieran viendo. No sé si será verdad, pero se siente muy así. Y si bien en Solaris es solo esa escena lo que me da esta impresión, en el caso de Tío Boonmee, casi toda la película parece proponer esta pretensión patética y absurda de que el aburrir al espectador prueba algo sobre su inteligencia y la inteligencia de los creadores.

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Tío Boonmee fue la ganadora de la Palma de Oro en Cannes. El guión parece cargadito de un montón de temáticas que en papel suenan interesantísimas: la espiritualidad, el budismo, la reencarnación, el karma (que es observado por el Tío Boonmee al justificar su enfermedad con su pasado de soldado anti-comunista -la guerra aportaría algún tipo de contexto histórico, principalmente porque la película se sitúa en la frontera, pero su referencia es demasiado sutil como para permearse realmente en el arco dramático), pero que son presentadas de una manera tan tediosa y auto-indulgente que cualquier conexión emocional con ella es imposible. Tiene una fotografía interesante y alguna de las viñetas puede resultar interesante (el epílogo, por ejemplo, podría haber sido un triunfo si no fuera la conclusión de algo tan pobre), pero en definitiva, resulta impenetrable.

Veredicto: 4/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1588895/