A Most Wanted Man (2014)

Título en español: El hombre más buscado

Comenzar a ver esta película me sumergió en la nostalgia de inmediato. Como quizás ya saben, esta es la última aparición de Philip Seymour Hoffman en el cine, salvando quizás alguna escena en las últimas de la saga de Los Juegos del Hambre, pero no he leído acerca de cómo van a lidiar con ello. De cualquier forma, esta será recordada como la última actuación de uno de los mejores actores de la época, un hombre que brilló tanto en roles pequeños como en Magnolia o Casi Famosos (al iniciar su carrera se lo conocía como un excelente “character actor”: esos actores que toman papeles de extrema diversidad creando un repertorio de personajes que muestran todas las facetas de su talento; Gary Oldman es un gran ejemplo de esto), como en papeles protagónicos, empezando por Capote que lo lanzó a la cima de las listas de los gigantes de actuación masculinos, hasta culminar en este. Quizás sea el saber que estaba tan cerca de su final, pero aún más angustiante para mí fue ver que a pesar de que sí fue una buena actuación, no logró alcanzar los niveles de excelencia a los que me tenía acostumbrada. Pero de cualquier manera, permanecerá como uno de mis actores favoritos de estas últimas décadas, y afortunadamente dejó una gran colección de maravillosas películas que despliegan su excelente talento.

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Dicho esto, pasaré a comentar sobre la película en sí. Basada en una novela de espionaje del escritor John Le Carré, cuenta con un estilo muy parecido al de El topo, también basada en una novela del mismo autor. Son historias de un espionaje de perfil más bajo, uno podría decir más realista, apuntando a mostrar las partes menos glamorosas del mundo, más aburridas y tediosas. A su vez, son tramas complicadas y engorrosas, llevadas a cabo por una variedad de personajes con distintas intenciones y motivaciones, que la película roza apenas pero no logra profundizar, logrando cierta apatía en el espectador y doblando el tedio de ver en qué resulta todo. Para una película que se toma todo con tanta calma, sorprende que haya fallado tan estrepitosamente en darle vida a sus personajes, apenas conocemos sus intenciones a nivel de trama, pero no los conocemos lo suficiente para querer que tengan éxito o no. Podría, por otro lado, haberse concentrado en la creación de una atmósfera de tensión y peligro inminente, pero lo que en El topo destacó prominentemente, aquí también deja mucho que desear. Salvo quizás en los últimos minutos, no hay una sensación de urgencia real y el clima sombrío que se mantiene en toda la película no logra retener la atención.

La trama gira en torno a una célula no-oficial de la inteligencia alemana contra-terrorismo, liderada por Hoffman, un alcohólico frustrado que habla en inglés pero con acento alemán (lo mismo que los otros personajes alemanes): una decisión extraña del director que le quita autenticidad e interfiere con las actuaciones. Cuando un musulmán checheno inmigra ilegalmente a Hamburgo para reclamar el dinero que heredó de su padre, se crea un conflicto de intereses entre la agencia de Hoffman, la inteligencia estadounidense (representada por el personaje de Robin Wright) y las intenciones del propio Issa y su protectora  Annabel Richter (interpretada por Rachel McAdams), una abogada que se especializa en ayudar a refugiados en situaciones vulnerables, pero que aquí se encuentra en aguas demasiado profundas. No vale la pena adentrarse demasiado en los detalles de la trama porque justamente de esto se trata el interés de la película, aunque en mí, sinceramente, fue casi nulo. La dirige Anton Corbijn, un director semi-novato cuyo último esfuerzo fue El americano con George Clooney. Cabe mencionar que logra actuaciones decentes del elenco y algunas escenas visualmente muy interesantes, como, por ejemplo, la del final. Quizás los problemas surjan de un guión que fracasó en comprimir los contenidos de la novela eficazmente y una edición innecesariamente parsimoniosa.

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En conclusión, lo único destacable que encontré en este filme fue lo mencionado en el primer párrafo, y el hecho de que eso haya sido puramente circunstancial habla mucho de lo insustancial que es esta película. Quizás fanáticos del género de espionaje logren encontrarle un cierto encanto, y es que tiene los elementos para haber sido otra El topo o quizás hasta un episodio extendido de algo como Homeland (sí, soy fan), pero al fracasar en tanto sustancia como estilo, no me dejó mucho que alabar. Dicho esto, logré terminar de verla y pude apreciar las locaciones alemanas a las que no estoy tan acostumbrada de ver, así como las actuaciones del elenco, de los cuales me gustaría destacar a McAdams (sí, soy fan) quien aportó convicción y vulnerabilidad a un personaje bastante flojo en papel, y a Robin Wright (a pesar del horrible pelo negro) que hizo otra versión de su excelente Claire Underwood de House of Cards. Me hubiera gustado despedirte de mejor manera, Philip, pero de cualquier manera, fuiste una gran pérdida para el cine y te vamos a extrañar.

Veredicto: 5/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1972571/

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Shopgirl (2005)

Título en español: Chica de mostrador

Para paliar un poco las ganas que tenía de ver de nuevo a Claire Danes (a quien ahora disfruto semanalmente gracias a los domingos de Homeland), decidí volver a mirar esta película que hace casi una década vi por primera y única y vez y que la recuerdo como el filme que me terminó de enamorar de la brillante actriz que es Danes. En ese momento yo le tenía muchísimo rechazo, no sabría decir bien por qué, y Shopgirl logró cambiar mi opinión muy radicalmente; quizás por eso la recordaba como una mejor película de lo que en realidad es. No me malinterpreten, no me pareció horrible esta segunda vez, pero sentí que hay poco que destacar más allá de la interpretación de esta actriz. Así es que quizás lo que sigue esté especialmente recomendado para aficionados de  Danes.

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La película está basada en el guión adaptado de una novela de Steve Martin (ya se puso raro, ¿no?), adaptada por nada más y nada menos que Steve Martin; quien, a su vez, casi que protagoniza la película. Se trata de una etapa de la vida de la joven Mirabelle Buttersfield, una chica sencilla de Vermont que se muda a Los Ángeles a buscar una mejor vida, o una vida más grandiosa, quizás. Vive sola y trabaja en Sacks Fifth Avenue en el stand de los guantes (una gran tienda de lujo). Parece no tener amigos ni pareja, y lleva una vida tranquila en la que una vez al año aproximadamente, se aventura a hacer un dibujo, lo cual la convierte en una artista, según sus palabras. El guión nos presenta a esta dulce chica y luego nos propone dos posibles candidatos románticos: primero aparece Jeremy (Jason Schwartzman), un muchacho inmaduro hasta el ridículo, lleno de esas pequeñas idiosincrasias que parecen acompañar al actor en cualquier papel que interprete. Con él parecen querer convencernos que es un chico bueno, con potencial y buenas intenciones, al que un voto de confianza podría llevar muy lejos. Yo no quedé muy convencida, pero la película tiene un leve aire de ensueño, y quizás sea parte de la magia de la historia. En fin.

Mientras nuestro sapo intenta convertirse en príncipe aparece otro candidato: el millonario Ray Porter, interpretado por Steve Martin. Esta relación presenta ciertos paralelismos con el tipo de Mujer Bonita, aunque sin el elemento “oficial” de la prostitución. No voy a entrar en territorio de spoilers pero el guión explora estas dos relaciones y el efecto que tienen en Mirabelle, oscilando entre el melodrama y un tipo de humor más tirando a excéntrico. Ninguno de los personajes está demasiado bien desarrollado y es difícil conectar con cualquiera de ellos, en especial con el de Martin, aunque quizás esa era la idea. El problema es que a pesar de que logran mantener el interés suficiente como para terminar la película, nunca llegan a trascender. Claire Danes aporta una dulzura hermosa a su personaje, una calma y una desesperación tierna, una delicadeza y fragilidad que contrasta muy fuertemente con la Carrie Mathison de Homeland. Es una excelente interpretación, pero es decepcionada por un guión flojo y autoindulgente. Por momentos hay destellos de lo que podría haber sido, la idea de una chica sola perdida en medio de la inmensidad de una ciudad gigantesca, la falta de conexión, la soledad; pero cuando estos asuntos se encaminan a su resolución, lo hacen de forma superficial y artificial, y por eso la película termina fallando.

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En conclusión, esta es una película extraña. Creo que había potencial en el guión, aunque podría haber profundizado más, pero el director Anand Tucker lo llevó a tonos demasiado trillados quebrando las sutilezas  con una banda sonora melosa e invasiva que convierte lo que podría haber sido un momento calmo y reflexivo en algo más melodramático y sentimental. Es un intento de Perdidos en Tokio que salió mal, pero que no deja de tener algunos momentos destacables y en particular, una actuación estupenda de una actriz que alcanza profundidades insospechadas; una intérprete valiente y vulnerable que ha demostrado ser uno de los grandes talentos de los últimos tiempos. Quizás habrán encontrado más motivos para darle una oportunidad, pero por mi parte aseguro que Claire Danes es más que suficiente.

Veredicto: 6/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt0338427/

Who’s Afraid of Virginia Woolf? (1966)

Título en español: ¿Quién le teme a Virginia Woolf?

Esta es una de mis películas favoritas. La primera vez que la vi fue hace aproximadamente 10 años, cuando todavía era una adolescente fascinada con los clásicos. El debut del director Mike Nichols (Closer, El graduado) me impactó tanto entonces como lo hace ahora, y siempre por los mismos motivos, aunque admito que ahora al verla percibo unas dimensiones que antes se me escapaban. Es una adaptación de la obra de teatro homónima de Edward Albee y a pesar de que mantiene un estilo extremadamente teatral, presenta además elementos cinematográficos muy interesantes y efectivos. Es más, creo que ese punto medio entre el teatro y el cine que se logra aquí, es de los mayores atractivos que posee el filme; un estilo que quizás no funcionaría con otro director u otros actores, pero que aquí es un triunfo.

El guión es absolutamente magistral, y Nichols entiende esto, así es que gran parte de su dirección consiste en filmar a los actores dándole vida a las palabras. Es una dirección puesta al servicio de los intérpretes, con tomas largas pero dinámicas, y planos cerrados hasta el punto de la claustrofobia, donde los rostros de Liz Taylor y Richard Burton llenan la pantalla de rabia, desprecio y una angustia llena de ira. Además está fotografiada en un hermoso blanco y negro, cuyas luces y sombras agregan matices de significado en cada toma. En el campus de una universidad sin nombre (fue filmada en Smith), una pareja de mediana edad recibe a otra pareja más joven para una noche de tragos y presentaciones. Pero lo que les espera es mucho más que una simple cordialidad. Martha (Elizabeth Taylor) es la hija del presidente de la universidad, donde trabaja su marido como profesor auxiliar de historia (Burton): estos le dan la bienvenida al nuevo profesor de biología (George Segal) y a su mujer (Sandy Dennis). Antes de que lleguen los invitados, tenemos la oportunidad de observar la dinámica de pareja de Martha y George y pronto podemos adivinar que no va a ser una noche demasiado pacífica.

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Es evidente que la pareja tiene muchísimos problemas y como dice Honey más adelante (Dennis), “yo pelo etiquetas”, de eso se trata la película; de pelar las etiquetas que cubren a estos cuatro personajes que se juntan para una noche de muchísima bebida y juegos psicológicos. Y es que cualquier otra pareja hubiera llegado al hogar de sus anfitriones para despedirse poco después (además ya estaba muy entrada la noche), especialmente luego de presenciar los agravios que disparan de uno a otro, y al ser tan obviamente manipulados y burlados, sus palabras tomadas, transformadas y usadas en su contra. Pero esta joven pareja se queda y no sin motivaciones. Hay que recordar quién es quién dentro del campus, y analizar las personalidades de los personajes, sus ambiciones y motivos. Y Nick (Segal) tiene suficiente motivación para querer engatusar a la hija de su jefe. Nick ha llegado para quedarse, para abrirse paso y hay que ver hasta dónde puede llegar para alcanzar sus objetivos, arrastrando a su esposa, que parece una simplona algo tarada, pero que arrastra un bagaje emocional propio. Ciertamente, Honey tiene un desarrollo muy interesante, y la valiente actuación de Dennis pone de manifiesto una profunda comprensión de un personaje que parece optar por parecer estúpida como mecanismo de defensa.

Pero los protagonistas son, por supuesto, George y Martha, interpretados por la explosiva pareja de la vida real, Elizabeth Taylor y Richard Burton, y los paralelismos de una y otra nutren sus actuaciones logrando una química feroz, un vaivén de intensidades increíbles; a veces, cuando el plano se cierne sobre ellos y los vemos repartirse esas líneas crueles y viciosas, casi parece que la pantalla no los puede contener, y es que ambos están tan desbordantes de George y Martha que son, sin lugar a dudas, uno de los mejores ejemplos de actuación clásica de todos los tiempos. Y no es todo gritos e ira; Martha, la monstruosa Martha de una Liz Taylor que engordó casi 15 kilos para el papel, tiene unos momentos de extrema vulnerabilidad, cuando su personaje se agota de los juegos y de las mentiras y solo quiere descansar en paz. Es sencillamente una actuación magnífica y una de mis favoritas de siempre. Además, es realmente un logro impresionante provocar la empatía de las audiencias por dos personajes tan detestables, pero Burton y Taylor poseen una humanidad desgarradora, y lo logran sin problema.

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Mucho podría decirse para deconstruir a los personajes, para analizar sus intenciones y frustraciones. No quiero adentrarme demasiado porque es mejor si uno lo ve desarrollándose en la pantalla, pero tengan a alguien para comentar luego, porque hay mucho que decir sobre ellos. Hay varias incógnitas que se resuelven en los últimos minutos más melodramáticos del filme, pero la película va más allá de esto. Es sobre las consecuencias de las frustraciones no resueltas, sobre los sueños y esperanzas chocándose contra una realidad dura y fea, y lo que hacemos para seguir adelante; es sobre las reglas que creamos en una relación para que pueda sobrevivir; es sobre ejercer el poco poder que tenemos; sobre elevarnos sobre los otros más débiles; sobre los límites que nos ponemos para protegernos; las mentiras que practicamos; las ficciones que inventamos. El título viene de la canción “who’s afraid of the big bad wolf?” (¿”quién le teme al lobo feroz”?) de Caperucita Roja, y se sustituye por el nombre de la famosa escritora porque esta era conocida por mostrar la verdad absoluta de sus personajes. Así que la omnipresente rima más bien parecería estar preguntando: ¿quién le teme a la verdad? Yo sí.

Veredicto: 9/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt0061184/

Boyhood (2014)

Título en español: Boyhood – Momentos de una vida (wow, se pasaron con esa)

Es difícil hablar de Boyhood sin hacer referencia a las peculiares características de su producción. Muchos ya deben conocerlas, pero para los que no, les cuento. Este proyecto del director estadounidense Richard Linklater (el genio detrás de la trilogía Before…) llevó 12 años en filmarse; la premisa de la película es registrar algunos momentos en la vida de un niño desde su niñez hasta que va a la universidad a los 18 años, pero la diferencia con otras películas que han cubierto muchos años en la vida de una misma persona es que aquí vemos a los actores envejecer junto con la película, es decir, el director decidió filmar unos días durante cada uno de los 12 años, lo cual significó un gran compromiso y una increíble pasión por el proyecto de parte de todos los involucrados. El conocimiento de este dato impregna a la película de otro valor e inevitablemente se cuela en la subjetividad del espectador.

Ciertamente, es tal la fe que le tiene a su proyecto, que Linklater opta por una dirección que no llama la atención sobre sí misma, desprovista de trucos ni grandiosidades, es una dirección al servicio del guión y esto la hace incluso más fácil de querer. A pesar de la gran ambición que significa filmar una película durante 12 años, el resultado es un filme humilde, sin pretensiones. Es un guión honesto y sencillo, lo cual no quiere decir que no sea absolutamente brillante; de hecho, es la manera en que logra una historia tan auténtica, conmovedora y transcendental sin perseguir ningún giro extraordinario ni utilizar artificios para revelar grandes verdades de la vida, es el hecho de que desista de todo esto y logre tan sublime profundidad, en esto se basa su éxito.

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Conocemos a Mason de muy pequeño, cuando vive con su madre (Patricia Arquette) y su hermana Samantha (interpretada por Lorelei Linklater, la hija del mismo director quien le rogó poder participar en el proyecto). El padre, el colaborador por excelencia de Linklater, Ethan Hawke, parece ser la voz del director, en un personaje de espíritu libre, políticamente liberal, músico e intelectual. Es en sus esporádicas apariciones que vemos algunas de las mejores conversaciones que tienen los niños con una figura paternal, ya que este aprovecha su poco tiempo con ellos para otorgarles consejos y pequeñas perlas de su sabiduría. Pero es también en estos momentos en que la dinámica de la película se torna un poco artificial, y a veces esta figura adquiere un idealismo que rechina un poco con las audiencias. Por otro lado, podemos verlo como un fiel reflejo de lo que muchos hijos viven con el padre que está más ausente: al no verlo en el día a día, en momentos de vulnerabilidad del que se despierta padre y se acuesta padre (o quizás debería decir madre, porque es la madre quien juega ese rol aquí) porque los hijos son enteramente dependiente de ellos, bueno, este puede decidir cómo mostrarse, puede armar su día o fin de semana con sus hijos tal y como quiere, sin necesidad de exponer sus verrugas al escrutinio de la prole. Incluso admito que más hacia el final, cuando Mason cuenta ya con pensamiento independiente y crítico, el padre pierde un poco su condición mítica y sus consejos son recibidos por un Mason más escéptico, abierto a escucharlo, sí, pero no tan fácil de seducir.

Por otro lado está la madre, una frágil y brillante Patricia Arquette, un personaje que no dudo será criticado por muchos y odiados por unos pocos, pero un personaje fiel a la realidad. Una mujer que exhibe alguna tendencia feminista por un lado pero sucumbe a las debilidades más comúnmente asociadas con el género, una madre que está siempre juntando sus fuerzas o juntando sus pedazos, una madre que se yergue y cae incontables veces, que los muda de ciudad varias veces, de dudoso juicio en los hombres, pero es una madre presente. Es una madre no solo presente sino que a pesar de que a veces parecería ir en contra de ello, claramente quiere lo mejor para sus hijos. De acuerdo, la vemos tomar decisiones que nosotros, desde nuestros cómodos asientos, juzgamos como pobres, a veces hasta egoístas. Pero en el gran panorama de las cosas, ¿acaso no es obvio que tiene las mejores intenciones para con sus hijos? ¿Acaso no la vemos arrepentirse de sus faltas y reconocer sus errores? Estos no fueron consecuencia de una “mala madre”, fueron consecuencia de una persona con dudas, inseguridades y miedos, que tuvo un accionar errático, pasando por buenos y malos caminos y yo creo que no solo es digna de nuestro respeto, sino de nuestra profunda compasión y empatía. Patricia Arquette maneja todos estos matices con maestría, vulnerabilidad y valentía en una excelente actuación.

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Pero luego están los hijos. Sam y, nuestro protagonista, Mason. Sam es un personaje fascinante, que usualmente se mantiene en la periferia, pero que aporta a la dinámica familiar un ángulo sumamente interesante. No la vemos desarrollarse con la misma intimidad con que observamos a Mason, pero los momentos clave que apreciamos de su crecimiento son también reveladores y auténticos, y muchas veces hasta humorísticos. Sam es el personaje que más me recordó a alguien que conozco, la vemos lo suficiente como para conocerla y reconocerla, pero no tanto como para desconstruirla. Sin embargo, este es el caso de Mason. Con Mason somos testigos de la formación de una persona, y Linklater hace un gran trabajo de equilibrar la tonalidad de los pantallazos de su vida, sin inclinarse por los grandes momentos dramáticos ni los pequeños momentos de todos los días, sino que oscila entre ambos creando un balance perfecto.

Mason es un chico curioso, que hereda mucho de lo que vimos en el padre, un interés por lo artístico y lo intelectual. Contabilizamos su crecimiento a través de las pistas de hitos culturales o del mundo pop que pululan por la película como referencias temporales, desde Britney Spears a Harry Potter, pero también a través de una deliciosa banda sonora cuidadosamente seleccionada, y, por supuesto, a través del envejecimiento de los actores, que usualmente es acompañado por un nuevo hogar en una nueva ciudad. ¿Qué puedo decir de Mason? Los otros personajes son más fáciles de describir, y es que con Mason adquirimos una intimidad mayor y adjetivarlo con unas pocas palabras se sentiría trivial y superficial. Basta decir con que es auténtico, con que Ellar Coltrane (su fantástico intérprete) va imbuyendo a su personaje de las experiencias que le dictan el guión, por supuesto, pero también de su propia sabiduría que va adquiriendo con los años, de su propia profundidad, de su propio Ellar que creció junto con Mason. Es un chico al que vemos aprendiendo y aprehendiendo, un chico que muchas veces parece más maduro de los que se esperaría para su edad, pero que salvo muy contadas excepciones, no se manifiesta falso.

Boyhood es todo lo que está bien en el cine. Con sus casi 3 horas de duración, la película vuela, con un equipo puesto al servicio de una gran historia. Gran no viene de extraordinaria, gran viene de grande, una historia que abarca muchísimo pero lo cubre muy bien. Una historia de un chico, de una familia, del ser humano. Una historia de las cosas que nos tocan cuando crecemos. Una historia de los momentos especiales y los momentos ordinarios que nos afectan. Una historia de las personas que pasan por nuestras vidas y quedan o se van pero que algo nos dejan. Una historia de ese profesor que nos sentó a dar un discurso o del jefe que esperaba más de nosotros o de ese alguien que nos traicionó una vez o ese otro que nos mintió o aquel que nos presionó o la que nos hizo sentirnos cómodos con nosotros mismos o los que nos pelearon por ser quienes somos. Una historia de un conjunto de historias que nos hizo humanos. Muchos podrán verla y decir que no pasa nada, que cuál es el punto. ¿Cuál es el punto de la película?, dirán; ¿cuál es el punto de la vida?, parecería preguntar la película, Mason, y yo.

Veredicto: 9/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1065073/

The Conjuring (2013)

Título en español: El conjuro

Cuando veo una película de terror que me provoca algún susto y está decentemente hecha, me cuesta controlar mi entusiasmo. Este es el caso de la súper popular El conjuro, y en mi opinión, es una excelente producción de Hollywood dentro del género y se merece el aprecio de las audiencias y críticos que recibió el año pasado. Para empezar, quiero hacer una aclaración acerca de cómo decido ver estas películas. Cuando decido adentrarme en el terror, trato de brindar mi parte como espectador que respeta el género; en mi caso, en general las miro completamente sola, en plena oscuridad y a altas horas de la noche, para evitar ser interrumpida y arruinar la magia tenebrosa que nos brinda el filme. Yo no me asusto fácilmente (ay, yo, tan valiente), y a pesar de que no me pareció tan espeluznante como la he oído describir, sí logró algo fundamental: una vez terminada, di un paseo por mi apartamiento dormido y noté que mis sentidos estaban completamente agudizados y mi sensibilidad para con cualquier ruido o sombra era mucho mayor a la de costumbre. Esto lo considero un éxito rotundo.

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En fin, El conjuro está ligeramente basada en las aventuras de los Warren, una pareja de expertos en demonología que viven de investigar casos místicos y situaciones paranormales. Los Warren existieron de verdad (es más, Lorraine sigue vive), y les dejo a su criterio si considerarlos grandes estafadores o auténticos caza-fantasmas. El hecho es que da igual lo creíble que sean en la vida real, porque en la ficción de la película, fueron absolutamente convincentes. Los interpretan Patrick Wilson y Vera Farmiga, y venden tan bien sus papeles que parecen ser auténticos creyentes de toda esta mitología. Este es uno de los motivos principales por los cuales la película es tan efectiva: los creadores decidieron jugársela y apostar hacia la completa seriedad y les funcionó. El problema de muchas películas de terror de Hollywood es que no le tienen fe a su material (quizás porque parten de guiones muy malos, pero aun así) y terminan siendo inconsistentes en tono y oscilando entre querer ser graciosas y tenebrosas, resultando, casi siempre, en ridiculez. Los Warren son una pareja muy fácil de querer; se muestran como los mayores expertos en su área, son profesionales y tienen todo tipo de trucos que traen a su trabajo. Lorraine es, además, clarividente y esto le aporta una vulnerabilidad y fragilidad al personaje que la hacen mucho más interesante de ver. Por otro lado, tras una nefasta experiencia que afecta a Lorraine permanentemente, su marido se muestra más reticente en exponerla a situaciones riesgosas y esto crea otro punto de conflicto en la historia, agregándole si quieren un matiz más de profundidad.

En contrapartida están los Perron, y aquí vemos uno de los clichés favoritos del género; una hermosa familia (muy numerosa, son cinco hijas) se muda a una casa alejada de la civilización para “comenzar otra vez” luego de una serie de problemas económicos. Claro que la casa está completamente embrujada y ahí es cuando aparecen los Warren con todo su equipo y comienza la limpieza. La casa está realmente fabulosa. La historia se desarrolla en los 70’s y las decoraciones y vestuarios fueron hermosamente recreados por el equipo de arte que trabajó en ella. A su vez, se maneja una paleta de colores tirando a sepia y en conjunto crean un contexto muy convincente y estéticamente agradable. Más que nada, debo admitir que quedé muy sorprendida con el nivel de complejidad de algunas tomas; el director adopta ángulos interesantes y experimenta con planos largos que son verdaderamente efectivos y además cuenta con un excelente sonido que contribuye profundamente con la creación de una atmósfera absolutamente tensa y terrorífica.

THE CONJURING vera farmiga

No voy a decir que la historia es original o que el guión contiene mucha profundidad. Esto no es cierto, ya lo saben. Pero originalidad en tramas es algo que se perdió hace décadas y aquí lo que importa es la ejecución. La película está muy bien realizada. El guión es decente y aunque no se esfuerza por desarrollar todos los personajes, nos brinda lo suficiente para que los protagonistas de la película, es decir, los Warren, sean personajes que nos importen. Patrick Wilson, la señora de los Perron, interpretada por Lili Taylor, y en particular Vera Farmiga hacen un gran trabajo y elevan el material del guión considerablemente. Una historia trillada pero bien ejecutada, liderada por actuaciones destacadas, pero por sobre todo, un equipo que cree en su potencial y no se conforma con mediocridad, otorgándonos una serie de saltos y gritos y tapadas de ojos y una secuencia de una tensión y suspenso formidables hacia el final. Una película de terror que crea un miedo que perdura tras finalizados los créditos. Como dije, un éxito.

Veredicto: 7/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1457767/

End of Watch (2012)

Título en español: En la mira

Bueno, tuve algunos problemas con esta película. Cuando empezó, la shaky cam (cámara temblorosa) y las incongruencias del estilo pseudo-documental me sacaron de quicio, pero decidí aguantar y me terminó atrapando por la increíble química que tienen los compañeros de patrullero policial Brian y Mike (interpretados por los excelentes Jake Gyllenhaal y Michael Peña). El filme de David Ayer, conocido por básicamente distintas versiones de la misma película (Día de entrenamiento, S.W.A.T.), se trata de un par de policías patrullando las calles de la California del Sur, en donde bandas de gángsters negros y mejicanos luchan por el dominio de las calles y los barrios.

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Las incongruencias de estilo parten de la decisión del director de filmar muchas escenas desde el punto de vista de Brian, a través de una cámara que lleva a todos lados con motivo de un “proyecto personal”. Pero la película no está filmada exclusivamente a través de esta cámara, así es que se convierte en una serie de escenas en que los personajes están conscientes de la cámara y otras en que no, y esto se torna especialmente ridículo cuando vemos a Brian apagar o apartar su cámara (en general a pedido de un compañero o superior), pero no perdemos ojos en la escena porque, bueno, está todo el equipo del director filmando también. Ajá.

Sumado a esto, tenemos un guión flojo e inconsistente, con algún que otro momento destacable que eleva la película un poco más. Admito que no soy una gran conocedora de los males que aquejan a los barrios que patrullaban estos dos personajes, pero llama la atención la gravedad e intensidad de casi todas las llamadas que los vemos responder, y eso requiere un poco de suspensión de incredulidad por parte de la audiencia, especialmente hacia el final, cuando todos los esfuerzos por construir realismo son abandonados al ritmo de lo que dispara una AK-47. Dicho esto, cuando la acción se calma, hay momentos muy auténticos y genuinos entre los protagonistas, y muchos de sus diálogos son improvisados logrando una conexión real no solo entre los actores sino entre la ficción de la película y el espectador. También hay escenas de sus vidas privadas, de mayor y menor eficacia, pero estas no logran aportar la dimensión que el director pretende, sino que figuran como un fallido intento de convertir al par de policías en personas completas. Reitero, los momentos de mayor profundidad se dan en la intimidad del patrullero, en plena espontaneidad.

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En conclusión, esta es una película de acción que entretiene, pero cuyas pretensiones de elevarse a un filme de profundidad son inconcretadas por un guión mediocre que se viene abajo hacia el final  y una dirección cuestionable. El carisma de Gyllenhaal y Peña la hacen lo suficientemente disfrutable para pasar el rato y alrededor de la mitad de la película hay momentos de genuina tensión que muestran que Ayer tiene un potencial mayor al que indicarían sus esfuerzos previos. Quizás sea con Fury (Corazones de acero) de este año que lo logre. Solo queda esperar.

Veredicto: 5/10

IMDb: http://www.imdb.com/title/tt1855199/

George Washington (2000)

Título en español: George Washington (vamos bien)

George Washington es mi tipo de película. Quería empezar con esa frase y dejar esa idea bien clara. Y ahora voy a seguir con mis pensamientos tal cual me vengan a la cabeza, olvidando párrafos y estructura, porque sentí la película como un stream of consciousness y eso me dio ganas de hacer. Quiero mencionar dos películas/directores que se me vinieron a la mente cuando miraba esta película: el director es Terrence Malick y la película (de otro director -Harmony Korine-) es Gummo. Al primero lo menciono porque en los primeros instantes de comenzada este filme, me pareció que estaba viendo una de sus películas, allá cuando no pretendía encapsular todos los misterios y preguntas del universo (como le pasó en El árbol de la vida o Deberás amar) sino que se preocupaba por capturar belleza y poesía en formato de imagen, de trasladar sentimientos y sensaciones, armonías entre el ser humano y la naturaleza. Y lo lograba mejor que nadie en sus primeras películas o incluso la no tan vieja El nuevo mundo. George Washington, del muy interesante David Gordon Green, comienza de esta manera, y de tanto en tanto, la película hace una pequeña pausa en sus momentos de narrativa más directa, y nos deleita con esos montajes deliciosos de escenas de este pequeño pueblo en Carolina del Norte, vacío, olvidado, arruinado, de paisajes post-industriales, edificios abandonados conquistados por la naturaleza, con un espectro de personajes excéntricos, niños correteando por las calles, interactuando con animales, nadando en la piscina municipal, hablando cosas de las que hablan los niños cuando están solos con sus amigos, en esos momentos inciertos entre la niñez y la adolescencia, luego de horas y horas y días y días eternos de hacer poco y nada, de sentirse atascados en un lugar que parece haberlos dejado de lado, con miedo de quienes son o de que nada serán. Son personajes que no existen en papel, en los guiones tradicionales de películas tradicionales, más bien parecen ser modelitos tridimensionales que el director y los actores no-actores sumergieron en una piscina de autenticidad y luego de empapados en esta, los pusieron delante de las cámaras y los dejaron ser. Y a diferencia de Gummo que mencioné más arriba, estos personajes no carecen de humanidad, se ganan nuestra empatía y compasión desde el primer minuto, porque los vemos y los reconocemos como seres reales y porque el director los trata como tales, parece quererlos incluso, nos los muestra en su fragilidad y nos pide que tengamos cuidado, los pintan con una fotografía amarillenta, cálida, a veces íntima y otras contemplativa, de exquisitas cámaras lentas, y por arriba, la narración hermosa de una de las chicas, de voz soñadora y dulce o una sinfonía inmensamente conmovedora (también sumamente parecida a las de Malick). En Gummo está todo deshumanizado, podrido, y sucio; los excentricismos se convierten en grotesco, el director parecería tener solo desprecio por lo que retrata y nos lo vende a través de escenas chocantes, baratas y repulsivas. En George Washington no hay una narrativa clara, hay un evento que sucede y alrededor del cual giran muchas escenas, pero no se trata de los quiénes ni cómos ni cuándos, ni tampoco de descuartizar las imágenes hasta llegar a una literalidad que nos dé consuelo; se trata de un pedacito de vida de un lugar alejado de nuestro mundo en que las circunstancias son quizás distintas a las nuestras, pero en donde las personas no dejan de ser personas.